En toda visita interviene un guía de la aldea, tanto porque los senderos no están señalizados como porque la tierra pertenece a las comunidades. Las salidas van desde una tarde en una cascada hasta caminatas de varios días con hamacas y cocinero.
El gran reclamo de fauna es el águila harpía, el águila más poderosa de América. Los vecinos de las aldeas vigilan los nidos del piedemonte y, cuando uno está ocupado —la pareja cría un solo pollo a lo largo de muchos meses—, los guías pueden llevar a los visitantes hasta un punto de observación. Suele suponer una caminata calurosa de varias horas y no ofrece ninguna certeza, pero este es uno de los mejores lugares del mundo para intentarlo.



